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09 enero 2010

La Sirenita
The Little Mermaid
(Disney's Tale)

. : : La Sirenita : : .

Redactado por Tsukino

Disney

El viento soplaba fuertemente y la mar estaba tranquila, los marineros sabían que el Rey Tritón, el soberano de todos los mares, debía de estar de buen humor. El barco real navegaba apaciblemente sobre las aguas ajeno a las maravillas de las profundidades marinas.

Después de dejarte llevar por corrientes marinas, tras la gran gruta del arrecife de coral se encuentra el palacio real de Atlántica. Un gran concierto se celebra dirigido por el consejero y músico real de la corte, el cangrejo Sebastián. Sebastián es un simpático personaje influenciado con los ritmos del calipso en el que el rey Tritón confía a sus hijas. Todo esta preparado para el acontecimiento mas esperado del reino, la presentación en sociedad de la hija pequeña del rey, Ariel, que acaba de cumplir los 16 años. Pero... Ariel con su rebelde melena roja buceaba por otros arrecifes en busca de objetos humanos perdidos en algún naufragio. El último galeón tenía un aspecto tenebroso pero a pesar de las advertencias de su mejor amigo, Flounder, un pez payaso ella continúa en su búsqueda. Por aquí o por allá todo lo que veía se le antojaba hermoso, bellísimo, lindismo. Llama su atención algo para ella espectacular con una rara forma. No le importa lo que sea, su amiga de la superficie, la alocada gaviota Scuttle le dirá que es y para que sirve. Sus ojos se ciegan con el resplandor de algo al fondo del galeón. Sin pensárselo Ariel recoge el utensilio y lo guarda en su bolsa. Nada mas depositarlo en su interior Flounder corre tras ella, un tiburón surgido de la nada los acecha. Ariel y su amigo corren buscando una salida. Tras recorrer largo tramo ponen fin a la carrera al atrapar al dichoso perseguidor en la anilla de un ancla.

Ya a salvo del peligro Scuttle observa las cosas de humanos que Ariel ha traído. Nuestra alocada gaviota nunca acierta en sus explicaciones pero es tan graciosa que nuestra querida sirena la escucha atentamente. Lo que al darse cuenta del tiempo se acuerda del concierto en su honor y sale nadando lo mas rápido que sus aletas le dan. Ariel no se da cuenta que esta siendo observada muy de cerca por los secuaces de Ursula, la bruja del mar.

Sebastián y el Rey Tritón la esperan indignadísimos. El concierto ha sido un desastre pues lo han suspendido. Ariel y su padre discuten acaloradamente, pues ella cree que ya no es ninguna niña que deban cuidar. Para ayudarla, Flounder trata de explicar el por que de su retraso y en esto que no se da cuenta y les dice que han subido a la superficie. Esto es algo que todo el mundo marino tiene prohibido, todo contacto con los humanos esta castigado. Tanto Tritón como su hija no se entiende y esta escapa a su pequeño refugio tras una entrada escondida que da a una gruta repleta de artilugios, utensilios y de mas parafernalia humana. Allí Ariel se pregunta como un mundo que es tan maravilloso como es el fondo del mar le puede prohibir descubrir que hay más allá. Como será que el sol te de en la cara, o como debe ser el tacto de la arena seca...



Sebastián intenta que Ariel ponga sus aletas en el agua pero sus palabras desaparecen cuando algo en la superficie llama su atención. Sin pensárselo dos veces la princesita marina sube a ver que es. No sale de su asombro, es el galeón real y parecen celebrar algo. Los fuegos de artificio llenan de luz la noche y aun acentúan más las ganas de Ariel en descubrir a sus tripulantes.

Allí todo el mundo baila, canta y beben. Celebran el cumpleaños del príncipe Eric, un apuesto muchacho de morenos cabellos, que baila alrededor de su perro Max mientras toca una flauta. Ariel no puede apartar su mirada del muchacho siente que se a enamorado. Los latidos del corazón se aceleran cada vez mas cuando un trueno la despierta de su sueño. Una tormenta empieza a azotar de repente llevando al traste la fiesta. Las olas hacen que el barco no se pueda manipular y los lleva a la deriva donde choca contra unas rocas. Todos saltan al agua antes de que sea tarde. Eric al intentar rescatar a Max se queda atorado y el fuego hace explotar la pólvora que quedaba de los fuegos artificiales. Los marineros quedan atónitos pues creen perder a su príncipe. Ariel que lo esta presenciando todo nada al rescate de Eric que solo esta desmayado, poniéndolo a salvo en la playa. Lo contempla a la luz del sol donde observa que aun es más bello de lo que imaginaba y es cuando el corazón de Ariel se pone a cantar. Eric al oír la voz cree estar en un sueño. Pronto vienen su perro Max y el consejero real a rescatarlo. Ariel sale disparada al agua antes de ser descubierta. Sebastián el pobre intenta mantener la calma y espera que el Rey no se entere de todo esto que a pasado. No puede imaginar que un ser maligno prepara algo para estropear la dichosa paz de Atlántica. Nuestra sirena y Eric, se han enamorado, ¿volverán a reunirse?

Ursula, la bruja del mar, no da crédito a lo que esta sucediendo. "La muchachita esta enamorada de un humano y no uno cualquiera, si no, de un príncipe". Ella ríe maliciosamente a carcajadas disfrutando de imaginarse a Tritón con la noticia.

A la mañana siguiente todo sigue con normalidad excepto por que Ariel anda por aquí y por allá canturreando para ella sola y nadie obvia de que la niña esta enamorada. El cangrejo Sebastián intenta sin ningún resultado hacer que Ariel se venga a razones. Sabe que su amor esta destinado al fracaso. En su reino se prohíbe el contacto del mundo humano con el de las sirenas pero Ariel no presta ninguna atención.


Flounder a podido rescatar la estatua del príncipe que le habían regalado a Eric y la ha ocultado en la gruta secreta. Ariel totalmente sorprendida baila alrededor imaginando mil cuentos de hadas. En esto que Tritón hace su aparición totalmente enfadado. Por una equivocación Sebastián lo ha informado y este no viene de muy buenas. Tritón viendo que su hija no entiende a razones levanta su incandescente tridente y empieza a destruir todo lo humano que allí se encontraban. Las lágrimas de la pequeña Ariel no lo detienen e incluso rompe su objeto más valioso, la estatua de Eric. Tras la sombra de Tritón cae Ariel llorando desconsoladamente. El rey sabe que muy bien no ha actuado pero de alguna manera la alocada sirena tenia que aprender que es peligroso el mundo fuera del mar.

Tras desaparecer Tritón dos morenas hacen su aparición en escena. Se tratan de los secuaces de Ursula que la convencen de que la bruja podría ayudarla a conocer el mundo exterior y es más, a enamorar al príncipe y quedarse juntos para siempre. Ariel no confía mucho pero que puede hacer si ama con locura a Eric.

A cambio de su voz la bruja le da un par de piernas y el trato de que si en tres días es capaz de enamorar al príncipe y hacer que la bese de verdad la dejara con piernas para siempre, de lo contrario, si no es capaz e hacerlo la volverá sirena y pertenecerá a ella en forma de alga marina.


Ariel estrena sus piernas y lo primero que se encuentra es al príncipe. Eric se ilusiona por que cree que es la chica que lo rescato y al preguntarle ve que es muda con lo cual se entristece por que no es lo que esperaba. Ariel se desespera pero al ver que el príncipe la atiende se siente feliz. Nuestra pequeña sirena es atendida como una autentica princesa y es vestida con los mejores lujos. Cuando llega ante Eric en el salón comedor este no puede apartar su mirada. Esta tan linda que le parece sacada de un cuento de hadas. Tras la comida el príncipe le ofrece enseñarle el reino y darle un paseo por los alrededores. Impaciente los amigos de Ariel se preguntan si ya la besó pero Eric, que aun piensa en la chica de la playa, no da ningún paso. Así que Flounder, Scuttle y Sebastián se ponen manos a la obra y lo incitan a besarla con una canción que le susurran al oído.


Cuando esta a punto de besarla, motivado por la situación, caen al agua por culpa de dos morenas que andaban por allí. Ursula no puede ver que Ariel tiene más posibilidades de lo que ella creía. Así que sin piedad utiliza unos de sus hechizos para convertirse en una bella humana para meter sus tentáculos en el asunto y no dejar que la sirena triunfe.

Esa noche mientras Ariel descansa en su cuarto el príncipe Eric toma la decisión de declararse a Ariel. Se dispone a ir a la habitación de la chica cuando cree oír una voz. Es la voz de la chica que lo salvo, no puede ser lo que ven sus ojos, es ella aproximándose por la playa. Un brillo perturbante se apodera del alma de Eric.

A la mañana siguiente Scuttle vuela feliz por los cielos canturreando la marcha nupcial. Llega al cuarto donde Ariel duerme tranquilamente. Esta la felicita por el compromiso y le cuenta que al fin a conseguido echarle el lazo al príncipe. Sebastián y Ariel no salen de su asombro y la pequeña sale corriendo a por su amado. Lo que encuentra no le hace mucha gracia. Eric esta presentando a una chica, Vanessa, como prometida a su consejero. El barco donde se celebrara la ceremonia zarpara al atardecer y quiere que todo este listo. Ariel no cabe en su desesperación y sale corriendo plagada de lágrimas. Impotente y sin saber que hacer Ariel se queda en el muelle viendo como el barco se aleja. En esto que como de costumbre ajena a todo vuela Scuttle por los alrededores del barco y escucha cantar en uno de los habitáculos del galeón y lo que ve tras el ojo de buey no es plato de buen gusto. Resulta ser que Vanessa no es otra que la bruja del mar disfrazada y que con la voz robada de Ariel ha hipnotizado al príncipe.

La Gaviota sale en busca de Ariel para contárselo y ponerse manos a la obra para hacer algo para que no ocurra esa desgracia. Ariel como puede y con la ayuda de Flounder intenta llegar al barco. Scuttle pone en guardia a todos los animales posibles para detener la boda mientras Sebastián va en busca del Rey Tritón.

En una guerra del mundo animal contra la bruja del mar, Scuttle y Max, el perro de Eric, hacen que caiga la concha donde Ursula guardaba la voz y se rompa y la sirenita recupere la voz. Roto el hechizo Eric la reconoce, va a besarla cuando ya es demasiado tarde y Ariel recupera su autentica forma. Ursula no perdona y la coge y se la lleva al fondo del océano donde el Rey Tritón esperaba para enfrenarla. Debido a que el contrato que hicieron ella y Ariel es autentico es irrompible y tritón lo único que puede hacer es cambiarse por su hija. Ariel desesperada se va hacia Ursula y cuando la tiene por los pelos Eric, que se ha lanzado al mar, la hiere con un arpón en el brazo. Ursula enfurecida se dispone a acabar con la vida del príncipe y nuestra sirena se lo impide haciendo fallar su tiro y acabando con sus propios secuaces. Ariel y Eric escapan pero Ursula con el poder del tridente de Tritón aumenta su tamaño y amenaza con acabar con todo. Separa a los amantes. Mientras Eric va a parar a un rescatado galeón hundido, Ariel cae en un torbellino que la bruja ha provocado para matarla. Ursula levanta el tridente para acabar con todo el amor eterno y es Eric que con el galeón la atraviesa de lleno acabando con su vida. Ya pueden respirar tranquilos tanto el reino marino como Eric y su sirena. Todo vuelve a la normalidad pero aun queda algo por hacer. Tritón entiende que los hijos deben tener libertad de decidir que hacer con su vida y tener la posibilidad de confundirse y de que realmente ama al príncipe Eric. Así que da a su hija unas bellas piernas. Feliz Eric y Ariel se casan celebrándolo con todos, el mundo de los humanos y el marino. Cariñosamente despiden a Ariel y la ven partir bajo un arco iris lleno de esperanzas.


14 diciembre 2009

El Cuento de Powie ^_^


Erase una vez, en un reino mas allá de la luz, donde infinito y oscuridad se hace uno, vivía Powie, un pequeño niño que no conocía nada mas que aquellas paredes que rodeaban su diminuta habitación y lo poco que alumbraba su imaginación. Cabalgando entre la nostalgia y la tristeza, Powie, quería recordar como era su vida cuando en lo alto del infinito lucia plateada la Luna y como brillaba todo a su alrededor cuando se transformaba en Sol. Por mas que quisiera y por mas que lo desease, nunca volvía a suceder, ni Luna, ni Sol de nuevo asomarían por lo alto.

Triste y cabizbajo caminaba un día Powie, canturreaba para si, por que una cosa no había olvidado y eso era, que le encantaba cantar… poco a poco su pena se hacia mas amena y Powie mas alto cantaba. Su vocecita alumbraba un atisbo de ilusión y esto hizo que Flower, un ángel de sonrisa nacarada y ojos cual dulce caramelo de otoño se fijase en él. Cuando Powie alzó su mirada y se topó con la Flower algo hizo que su mundo se volcase en su interior. El bello ángel pidió poder cantar junto a él, a lo que nuestro pequeño amigo accedió encantado… hubieron juntado sus voces, casi por arte de magia, un alo de luz empezó a vislumbrarse en el horizonte… y colores azules, violetas y plateados inundaban el reino, todo brillaba con la misma intensidad de miles de joyas bajo un foco tan radiante como lo era el de aquella Luna, tan nueva, tan especial para Powie, que tanta felicidad no le cabía en el pecho, y de pronto, de sus ojos empezaron a brotar lagrimas de luz que poco a poco volaban como brisa marina, hacia aquella espectacular Luna que pronto se transformo en un gigantesco Sol repleto de vida y aquellos azules, violetas y plateados tornaron a colores aun mas llamativos y vibrantes, rojos, verdes, rosados, amarillos, toda una gama especial nacida de la ilusión y la inspiración de dos pequeñas voces que ahora estaban juntas.

Powie, aun sin salir de su asombro, le dijo entonces a Flower: - No puedo apartar mi mirada de ti… si lo hago se que volverá la triste oscuridad… a lo que el alado amigo le respondió con su bella sonrisa: - No temas, me pasa lo mismo y no pienso separarme de ti, desde el momento que te vi he sabido que había nacido para estar contigo. Al oír esto, Powie, se puso tan colorado que se le cayeron los coloretes al suelo y empezaron a crecer rosas por todo el suelo…

¿Esto es amor? Se pregunto Powie… pero no dudó por mucho rato, pues se dijo que el tiempo le mostraría la verdad, una verdad que él sabia se ya contestada.

26 mayo 2009

El Cuento De Dorothy

Dorothy nunca ha tenido problemas a la hora de elegir el camino que la llevaría a Oz. En muchas ocasiones se ha dejado llevar por la intuición, en otras por lo que el corazón le dictaba y en contadas ocasiones por lo que los demás opinaran.

Hoy, asustada Dorothy, se encontraba ante una bifurcación en el camino y se había quedado en blanco. Todos sus sentidos se veían anulados y la orientación algo sorda para todo. Dorothy experimento una sensación agradable al estar ahí parada en medio, sin hacer nada, sin saber que hacer, la verdad es que no le importaba lo mas mínimo. La cuestión era que no debía quedarse así, que en algún momento tendría que continuar.


La dulce niña tomo asiento poniéndose a meditar y contemplando el color amarillento de las baldosas. Rebuscó en sus pensamientos que se perdían y confundían con el blanco prístino de las nubes sin hallar nada en concreto. Por más que Dorothy intentara pensar una solución esta no llegaba. Recordó decisiones pasadas para ver que habría echo pero mudo encontró al corazón como vaga a la ignorancia. Tampoco pasaba nadie por aquel lugar para poder preguntarle y si lo hiciera en voz alta solo el eco le respondería.


Permaneció un rato mas allí sentada esperando ver que sucedía. La aguja caminaba lenta sobre el sendero del reloj. El mismo que no ayudaba mucho con su soniquete compasado. Miro al cielo, contemplo el claro oscuro, presentía tormenta o que haría mucho calor, la verdad es que no sabia, no le daba ni siquiera la mente para deducir aquella simple cuestión.


¿Qué haría, antes, si me dejara guiar por el corazón?, ¿Y si lo hiciese por intuición?, ¿Qué es lo que harían otros en mi lugar?, pensaba para ella misma nuestra Dorothy.


Al poco se percató que no tenia por que elegir un camino, si no, que ella, podría crear el suyo propio. Ese camino necesariamente no tiene por que ser amarillo. Un camino que tampoco tendría que estar señalado. De acabarse siempre lo haría en algún lugar. No estaba muy segura de a donde iría a parar pero si de que llegaría a un destino. Así que Dorothy se levantó atusando su preciosa falda celeste coronada con el delantal, recogiendo unas florecillas silvestres, que colocó dentro de la cestita de mimbre, y volvió a mirar la bifurcación del camino. Echó la vista atrás para ver lo que había recorrido y una lágrima escapó abriéndose paso por la mejilla de la niña cayendo regada sobre el amarillo intenso del empedrado. Dorothy inspiro aire, cerró los ojos y comenzó a andar.


No hay decisiones, no hay rumbo, solo había el hueco que se iba haciendo entre el jaramajo y la hierba. Dorothy no sabia donde iba y tampoco sabia donde acabaría pero suponía que si tenia que coger alguno de esos caminos, tarde o temprano, se toparía con alguno de ellos y puede que entonces se decidiese a tomar ese camino.


03 febrero 2009

.::El Cuento del Principe y el Sol::.

Esta es la historia de un pequeño príncipe tan dulce y tierno cual flor en primavera, tan tierno y puro como un cachorro recién nacido y enamorado de todo y de todos. El era feliz con poco, la sonrisa de un amigo le llenaba mas que cien bolas de helado juntas.

Un día el príncipe despertó y salió a jugar, de repente, una luz, un brillo, le cegó la mirada y hacía que su naricilla cosquilleara. Miró entre sus deditos y observó, como podía, el hermoso día iluminado por el sol y el príncipe que va y se enamora completamente de él. Cada mañana cuando sentía los primeros rayos en su rosada tez se levantaba corriendo hacia la ventana y desanchaba sus pulmones para respirar hondo y se quedaba envelesado contemplando el horizonte. Así un día y otro. El príncipe había veces que se quedaba dormido junto a la ventana esperando que volviera a amanecer.

Las nubes empezaron a hacechar con el mal tiempo pero el noble chico allá donde hubiera un pequeño haz de luz allí que iba. No le importaba el mal tiempo, ni las lluvias, ni nada con tan solo poder contemplar un solo rayo. El seguía siendo feliz, no le preocupaba lo que pensara los demás, su amor era fuerte y podía con todo.

Una mañana al despertar observó oscuridad por todos lados bien entrada la mañana y se extraño. Corrió hacia las afueras del castillo y vio que habían plantado grandes arboles por todos los rincones y tapaban el cielo. Nuestro príncipe entristeció preguntadose que podría hacer. Soñaba con ser luna para poder compartir lugar. Las lágrimas resbalaban por su rostro, no comía, no dormía, no quería jugar ni ver a los amigos, la vida se le apagaba.

Aquella mañana decidió hacer un ultimo esfuerzo y empezó a escalar uno de esas murallas de la naturaleza, ese inmenso árbol. Subía, subía y seguía subiendo mas a lo alto. Poco a poco podía vislumbrar entre el follaje la luz del sol. Rompía las ramas con sus manos haciéndose mil heridas que le sangraban, pero él, seguía subiendo luchando por llegar arriba. Su única meta era encontrarse con el sol y subía, subía y mas subía.

Por fin llegó con un tenue alo de respiracion y contemplo de nuevo el sol, casi creía poder tocarlo. Lamentablemente por poco tiempo, una rama a sus pies cedía dejándolo caer. Aun así el estaba feliz pues en su descenso dejaba tras de si un hueco por el que los rayos del sol se filtraban. Para él aquello era hermoso y caía, aun mas caía, hasta que finalmente su cuerpecito impactó contra el suelo... ::.

Un amor puro y verdadero. El príncipe que lucho por aquello en que creía y al final su pobre corazón entrego lo mas importante que poseía...

¡¡Su Vida!!

.::El Cuento de Grankel y Corban :..

El sol brillaba en lo alto del cielo azul salpicado por alguna que otra nube de blanco prístino. Este era el espectáculo que se podía ver desde los aposentos del príncipe Corban. El era un chiquillo risueño, lleno de vitalidad y en el que se ausentaban las preocupaciones. Nada mas amanecía ya se podía oír a Corban canturrear por los pasillos del castillo. Veía todo con optimismo y sonreía siempre, nunca se le conoció llanto ni algún mal gesto. Todo era de un color tan puro y brillante que nada hacia presagiar mal acontecimiento en su vida. Corban había nacido para enamorar, para vivir, para representar un teatro lleno de estrellas. En un reino tan mágico que los prados eran tan verdes y brillantes cual esmeralda, el agua corría en armonía y los animalillo vivían en convivencia con el ser humano. Ese reino adoraba a Corban y el adoraba todo en el reino.

No muy lejos de allí pero colindando con las afueras vivía otro chiquillo llamado Grankel. Su familia lo había puesto a trabajar duramente en el campo para poder llevar de comer a sus hermanos. Cuando el sol empezaba a asomarse Grankel llevaba horas ya arando la tierra y sembrando. El tiempo lo había vuelto reservado, evadido, no hablaba muy a menudo con la gente del pueblo y siempre andaba encerrado en su cuarto. Había creado todo un mundo dentro de él y se solía perder muchas veces, refugiándose en el silencio de un lugar donde la fantasía reinaba, haciendo de su vida algo mejor. Grankel, solía ir a menudo a una posada donde tomaba zumo de moras silvestres, acompañado de su mejor amiga Hallie. Ella era una locura en si misma. Se la oía reír en mil hectáreas alrededor y eso era lo que hacia a Grankel feliz, una niña como ella, que no estuviera atada a una responsabilidad, alejada de malos tratos y que le sacaba una sonrisa en momentos difíciles.

Una tarde de primavera, cuando el sol estaba apunto de despedirse y dar paso a la majestuosidad de la bella diosa Selene, Corban, decidió ponerse una capa con capucha para pasar desapercibido entre los habitantes del reino. Entró a tomar algo de agua fresca en una posada que encontró en el camino. Mientras bebía observó a un chico sentado junto a una ventana que hundía sus ojos en una distancia que no encontraba lugar en aquellas tierras. Quien sería aquel ser misterioso que estaba tan absorto de la vida real. Corban se acerco a él, alargó la mano y ofreciéndole un poco de agua le pregunto por su nombre. El muchacho sonrió al verlo y le dijo que se llamaba Grankel, rey del arado. El príncipe quedó extrañado pero al rato rompió a reír a carcajadas.

Te vi tan distraído que me causaste intriga – dijo el príncipe. Suelo imaginarme otro mundo – le respondió Grankel. ¿En ese mundo tú eres Rey no? – pregunto Corban. Que va. No soy nadie, solo estoy yo en medio del prado, desnudo de preocupaciones – sentenció.

Allí estuvieron hablando largo rato hasta que les hizo muy tarde. Corban decidió acompañarlo a su casa y así nació una amistad entre los muchachos.

El príncipe se escapaba todas las mañanas para ir a ayudar a su amigo en el campo. No encontraba otra forma de pasarlo bien si no era al lado de Grankel. Después de un largo día de trabajo se les veía ir a la posada junto con Hallie a beber zumo de moras y hablar de mil fantasías. Juntos soñaban con historias inimaginables donde se sumergían en aventuras que no tenían igual. Grankel cambiaba totalmente la cara, se hacia sociable con la gente y hasta el trato con su familia cambió. Todo hacía pensar que Corban había sido todo un acierto en ponerlo en su vida. En cierta medida, cada día que pasaba, se forjaba una amistad que no conocía límite. Grankel y Corban formaban un tándem perfecto. Corban había llenado de luz el mundo de oscuridad en el que vivía su amigo. En aquella amistad se empezó a ver algo más y los muchachos no eran ajenos. El príncipe empezó a sentir algo muy profundo que quería guardar para si. Era algo que le salía a borbotones de su pequeño corazón, algo que no podía controlar y que le llegaba a aficxiar. Desde que se diera cuenta no pasarían tres lunas cuando decidiera contárselo a su amigo Grankel. En aquel momento, desde hiciera mucho tiempo, cambio la cara del muchacho y se le llenaron los ojos de lagrimas. Grankel quería mucho, demasiado, a Corban, pero no podía amarlo, el dejo de creer en el amor hace mucho. El príncipe entristeció y tras el manto de la noche desapareció sin mediar palabra. A la mañana siguiente Corban apareció en la puerta de la casa de Grankel con los ojos empapados en una noche en vela. Mostró en sus manos un libro de cubiertas en fina madera de roble atado por el canto con una cuerda plateada en donde se leía “¿Qué es el amor?”. Todo en lo que creía, en aquello que amaba, los profundos pensamientos de Corban estaban allí escritos para Grankel. Tras dejar a buen recaudo el libro en las manos de aquel chico el príncipe se desmoronó cayendo rendido al suelo. Tomándole entre sus brazos, observando su carita desvanecida, abandonado al sueño, se quedó Grankel leyendo hasta acabar el libro. Corban empezó a abrir de nuevo los ojos tras unas horas de largo dormir. Se encontró vigilado por la mirada de Grankel, arropado por su calor. No se lo podía creer pero allí se había quedado con él todo el tiempo dejando por un día su trabajo en el campo. Podía oír el latido del corazón de Grankel que acompañaba al suyo. No sabía que decir, no podía moverse pero le apetecía refugiarse en aquellos brazos que le protegían del frió. Desde aquel momento se hicieron aun mas inseparables pero nadie volvió a hablar del asunto y siguieron con su vida.

Una tarde Grankel había salido fuera y no se encontraba en casa, así que, nuestro príncipe quedo para hablar con Hallie en la posada, que era un lugar tranquilo. Alli podías ver como sus paredes eran de piedra de un color anaranjado y estaba toda realizada en madera. Con luz de candil podían distinguirse gente de todas las edades. La gente mayor acostumbraba a sentarse en grupos para hablar de sus hazañas mientras los jóvenes conversaban con el posadero en la barra. Hallie y Corban se sentaron en la mesa donde conoció a Grankel, junto a la ventana que daba a un lugar que él desconocía. Se contaron todo aquello que aun no sabían el uno del otro y seguido continuaron con lo sucedido con Grankel. Hallie no quería hablar más de lo que pudiera pero viendo el dolor del príncipe se apiadó de él.

Mira, Corban, esto se que te va a doler – empezó diciendo Hallie – pero es posible que Grankel nunca pueda amarte por que en su corazón ya existe un amor sin igual, imposible de olvidar.

Los ojos de Corban, según avanzaba la conversación, empezaron a inundarse con amargura. No podía creer lo que estaba escuchando, era imposible… él le dijo que no creía en el amor, no que hubiera otra persona en su corazón. Grankel andaba enamorado de un muchacho de otro reino un tanto mayor que él y que le ocasionaba mas de un disgusto. Esto, en medida, fue lo que ocasionó en su día que Grankel cambiara su carácter de mal a peor. Aun así, ellos, seguían viéndose.

Una noche, en la que las estrellas billaban con intensidad, pasean a caballo Grankel y Corban por los prados cercanos al castillo. Cuando el príncipedecide decirle adiós para siempre a su amor. Casi ahogado en su propio llanto trató de dejarle todo claro, de hacerle saber que lo que pudiera pasar entre ellos, era casi una fantasía más de las que ya habían vivido en sus sueños. No quería volver a verlo nunca más y que respetase aquella loca decisión. Grankel lo miró muy apenado sin saber que responder, lo cogió entre sus brazos de nuevo, lo besó en la frente y se despidió. Corban se separó lentamente de él, girando camino hacia el castillo y sin volver la mirada, desapareció ante la imagen quieta y estática de Grankel.

Después de un tiempo el reino vecino les llevó a la guerra. El Rey convocó a los jóvenes para servir a su reino. Entre ellos estaba Grankel que había madurado considerablemente. En su cara había crecido barba y su tez se veía más oscura. Las cosas en terreno del amor no le habían salido como esperaba y su semblante era serio. Así que prácticamente no tenía que perder, pero al mirar la figura que estaba al lado del Rey, pudo observar que era su querido Corban. También se le veía otro semblante, no sonreía como se le caracterizaba, el pelo le había crecido bastante y su mirada era fría y distante. Corban solo lo miró una vez y a Grankel le pareció que ni le conocía. ¿Como podía ser que dos personas que se habían querido tanto estuvieran tan separadas, desconocidas incluso?

Al príncipe Corban se le oía llorar en la campaña dentro de su tienda, mientras Grankel no podía pegar ojo al oírlo y sufría con su dolor. Decidió ir a buscarlo y poder poner fin a su llanto. A la noche, sin ser visto por los demás soldados, entró en la tienda de Corban. Este al verlo se enjuago las lagrimas pero los ojos inyectados en sangre lo delataban. Como ya hiciera entonces Grankel lo volvió a refugiar en su regazo y el príncipe pudo por fin dormir tranquilamente. Tanto fue así que en su fantasía decidió quedarse dormido para siempre. Corban nunca quiso despertar a la realidad, prefirió seguir viviendo mil aventuras al lado de su amado. Aquella mañana el príncipe fue hallado muerto entre los brazos de Grankel, quien leía en voz susurrante “¿Que es el amor?”, un libro de tapas de fina madera atado por el canto con una cuerda en plata.


Grankel al poco fue herido de muerte en el campo de batalla. Nunca se supo si amó o no al príncipe pero hay quien dice que en su ultimo momento de vida susurro…


...TE AMO